En el cuarto rojo, donde el deseo se desata,
sus pechos como montañas desafían la aurora,
tan suaves como la seda, tentadores y voluptuosos,
despiertan en mí un ansia, un deseo furioso.
Bajo la luz tenue, acaricio su piel suave y amada,
mis manos ansían explorar su arquitectura destacada,
de esos pechos esculpidos, suaves colinas tentadoras,
que anhelan la caricia ruda de mis manos exploradoras.
Mis dedos se pierden en la marea de su textura,
un mar de voluptuosidad que invita a la locura,
y aunque mi alma anhela cuidarlos con ternura,
mi ser se consume en la lascivia más oscura.
En este cuarto rojo, donde el deseo se exacerba,
sus pechos son mi tentación, mi dulce catacumba,
en un baile de placer y dolor, encuentro dulce amor
en la pasión que nos consume en este juego tentador
En el cuarto rojo, donde el deseo se desata,
sus pechos como montañas desafían la aurora,
tan suaves como la seda, tentadores y voluptuosos,
despiertan en mí un ansia, un deseo furioso.
Bajo la luz tenue, acaricio su piel suave y amada,
mis manos ansían explorar su arquitectura destacada,
de esos pechos esculpidos, suaves colinas tentadoras,
que anhelan la caricia ruda de mis manos exploradoras.
Mis dedos se pierden en la marea de su textura,
un mar de voluptuosidad que invita a la locura,
y aunque mi alma anhela cuidarlos con ternura,
mi ser se consume en la lascivia más oscura.
En este cuarto rojo, donde el deseo se exacerba,
sus pechos son mi tentación, mi dulce catacumba,
en un baile de placer y dolor, encuentro dulce amor
en la pasión que nos consume en este juego tentador