En un reino de sueños y cristal,
vivía una princesa de dulce ideal,
con cabellos dorados como el sol,
y ojos de rubí, profundo arrebol.

En su castillo de caramelos y algodón,
juguetes de porcelana cobraban emoción,
la princesa con magia en su corazón,
les otorgaba vida con pura devoción.

En noches estrelladas, bajo un manto azul,
los peluches y muñecas danzaban con luz,
en el jardín de azúcar y confituras,
jugaban sin pausa, sin sombras oscuras.

Las torres de chocolate y galleta crujiente,
guardaban secretos de un reino reluciente,
donde reinaba la risa y la fantasía,
bajo el hechizo de la princesa, con mucha alegría.

En el corazón de aquel castillo encantado,
la joven princesa sonreía, iluminando cada lado,
sus juguetes, sus amigos en este mundo especial,
juntos creaban un cuento, eterno y sin final.
En un reino de sueños y cristal, vivía una princesa de dulce ideal, con cabellos dorados como el sol, y ojos de rubí, profundo arrebol. En su castillo de caramelos y algodón, juguetes de porcelana cobraban emoción, la princesa con magia en su corazón, les otorgaba vida con pura devoción. En noches estrelladas, bajo un manto azul, los peluches y muñecas danzaban con luz, en el jardín de azúcar y confituras, jugaban sin pausa, sin sombras oscuras. Las torres de chocolate y galleta crujiente, guardaban secretos de un reino reluciente, donde reinaba la risa y la fantasía, bajo el hechizo de la princesa, con mucha alegría. En el corazón de aquel castillo encantado, la joven princesa sonreía, iluminando cada lado, sus juguetes, sus amigos en este mundo especial, juntos creaban un cuento, eterno y sin final.
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